Javier Marías
Tu rostro
mañana: 3 Veneno y
sombra y adiós
Alfaguara - 2007
¿Qué
se puede decir de la última entrega de la Novela
Total de Javier Marías Tu rostro mañana, que no
se haya dicho con anterioridad?. ¿Qué escribir sobre Javier Marías y su última
obra, ya que hablar de ella es hacerlo del autor que ha dedicado los últimos
seis años de su vida, literaria, a tan magna empresa?. He de reconocer que
cuando se me sugirió la reseña de Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombra y adiós,
tuve primero la tentación de rechazar el encargo para después acometerlo con
cierto pánico escénico como no me había sucedido en mucho tiempo. ¿Por qué?.
¿Porque estábamos hablando de uno de los enfant
terribles de las letras españolas?. ¿Por temor a la crítica de la crítica?.
Quizás por un poco de todo ello, y por nada en especial, que tengo la sensación
que algunos se toman demasiado en serio la literatura. (Y no vayan a
malinterpretarme, la literatura hay que tomársela en serio, claro, pero a veces
conviene no perder la perspectiva y recordar que estamos hablando o escribiendo
sobre personas, escritores, y sobre novelas, papeles en definitiva). Dicho todo
esto, soy de la opinión de que hay muchas maneras de acercarse a una novela
como es esta tercera entrega de Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombra y adiós.
Y digo esto porque una de las primeras imágenes que me han venido a la
memoria cuando la estaba leyendo, era la de la obra de Luís Goytisolo, Antagonía,
considerada en su momento, hace mas de 25 años, un proyecto narrativo
de una ambición sin precedentes y de una importancia capital en la Literatura española. Salvando las distancias y las diferencias, a la
novela de Javier Marías aun le queda mucho recorrido en el desierto, y como no,
ser escogida como lectura obligatoria en el bachillerato en nuestro país (Antagonía
si que lo era, de ahí el impacto que me produjera su descubrimiento). Pero todo
llegara, Javier, no temas. Con todo, Tu rostro mañana si que lleva camino
de convertirse en esa obra de cabecera, de fondo de armario, utilizando un
símil modístito, como en su día lo fue
Antagonía.
Es de esperar que finalmente tenga mejor suerte, y que su envejecimiento sea
más estético. Hay que reconocer en demérito del autor, que no se lo ha puesto
fácil a los lectores, y que Tu rostro mañana, es decir, el ciclo
completo de las tres novelas, o esa única novela de 1500 paginas, resulta
cuando menos tan difícil de digerir como lo puede ser En busca del tiempo perdido
de Marcel Proust, otra obra con la que se la ha comparado tomando como
referencia la manida anécdota de la magdalena
de Proust que todos conocemos y muy pocos han leído. (Les puedo asegurar
que existe, que en alguno de los siete volúmenes se encuentra, no vayan a
malinterpretarme). Una comparación si se quiere más que afortunada, como lo
podría ser con el Ulises de James Joyces, por citar otro autor, seguro, que de
cabecera de Javier Marías. Veneno y sombra y adiós, la tercera
entrega de esta novela en movimiento
(perdón señor Andrés, por utilizar un concepto acuñado por usted), resulta si
cabe mas árida de leer que las anteriores, densa cualitativa y
cuantitativamente, que diría un político sevillano de los años ochenta, y
extremadamente espesa. Tu rostro mañana es una novela por
entregas, (Novela total digo yo), y en
Veneno
y sombra y adiós, la tercera parte de la trilogía, el narrador y
protagonista, Jaime o Jacobo Deza, terminará por conocerse a si mismo a partir
de conseguir poner nombre a los rostros de cuantos le rodean desde hace decenas
de paginas de paginas, descubriendo a su vez que la realidad que percibimos
todas las mañanas cuando nos afeitamos, no es sino un mal reflejo de la verdad.
El personaje Jaime Deza, para aquellos que no se hayan acercado a las novelas
previas, es un académico español al servicio del MI5, una organización, también
llamado Servicio de Inteligencia, lo suficientemente oscura como para que su
opacidad sea directamente proporcional a su inutilidad. Las cloacas del poder,
son el verdadero hogar de Jaime Deza, unas cloacas que todos sabemos de su
existencia, pero que nunca queremos verlas fotografiadas en los Diarios. Deza
forma parte de ellas, en Madrid, en Londres o en Oxford. Y en ellas descubrirá
que nada es lo que lo que parece. La novela comienza con toda una declaración
de intenciones del narrador y protagonista de la misma: “Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que esta a su lado,
en una misión o una batalla, en una escuadrilla aérea o bajo un bombardeo o en
la trinchera cuando las había, en un asalto callejero o en un atraco a una
tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosión, un
atentado, un incendio, da lo mismo: el compañero, el hermano, el padre o
incluso el hijo, aunque sea niño. Y también la amada, también la amada, antes
que uno mismo”. Toda una declaración, digo, totalmente alejada de falso e
hipócrita romanticismo. Javier Marías encierra en esta frase casi 700 paginas
(¿quién dijo que no se puede escribir un relato en 10 páginas?) y nos presenta
el cierre de un ciclo literario y personal, (¿cercano a la decadencia quizás?),
en el que tengo la intuición que lo que menos importa es lo que cuenta, sino el
como lo cuenta. La historia una vez mas queda supeditada a la sintaxis, y sale
ganando en la apuesta. Se ha hablado por activa y por pasiva del homenaje a la
figura paterna, Julián Marías, a la cultura anglosajona, a su mentor Sir Peter
Russell.... y uno tiene la impresión que aún a riesgo de ser condescendiente
con todo ello, más que predeterminado, dicho homenaje, fue algo espontáneo. Aunque la espontaneidad
no sea precisamente una de las características del autor. Marías cierra un
ciclo literario, y es posible que nunca volvamos a saber de sus personajes, que
ya se sabe que a veces es mejor dejarles
descansar el sueño de los justos. Aunque si les soy sincero, el mero hecho
de que algunos de los mencionados en los agradecimientos continúen vivos,
influirán cuando menos a que Javier Marías retome el oscuro narrador de Tu
rostro mañana quizás en un artículo de prensa, quien sabe, quizás en unas
memorias en su Reino de Redonda. El
tiempo lo dirá.
©
Luis García
Comentarios
Publicar un comentario