LA TRASTIENDA - En busca de Klingsor,
LA
TRASTIENDA
En
busca de Klingsor
En busca de Klingsor,
novela ganadora del Premio de Biblioteca Breve 1999, que Cabrera Infante
denominara como de “ciencia-fusión”,
toma como excusa uno de los sucesos más importantes y menos divulgados de
nuestro siglo: El intento de acabar con la vida de Adolfo Hitler, y por tanto
con su régimen, y el posterior golpe de estado que se había planeado en el
supuesto de que el atentado no resultase fallido. Y para ello, Volpi, que se
sirve tanto de personajes de ficción como históricos, utiliza como contrapunto
a lo que en principio parece una novela de espionaje, una acertada y
documentada incursión en la historia del proyecto alemán de fabricación de la
bomba atómica. Es decir: Volpi, consciente de que la historia siempre la
escriben los vencedores, establece el paralelismo alemán del Proyecto
Manhattan, y la loca carrera contra el reloj a que se dedicaron vencedores y
vencidos en los meses finales de la II Guerra Mundial. Se vale de un enérgico
físico que arrastra el estigma de su nombre, Francis Bacon, a quien se le
encomendará la misión de descubrir la identidad de Klingsor, nombre en clave
tras el que se esconde supuestamente el verdadero cerebro alemán encargado del
proyecto secreto, el asesor personal en materia científica del Adolfo Hitler. Y
a su vez Bacon se habrá de servir de lo poco que aún parece quedarse en pié en
una Europa devastada por el fin de la contienda: la memoria viva de un
matemático de segunda fila que mantiene el privilegio de haber sido conspirador
en el atentado, y de haber conocido a los mas grandes sabios de la Alemania
nazi. Pero Klingsor, como iremos descubriendo a medida que avancemos en la
novela, es algo más. Es la auténtica piedra filosofal por el que habrán de
pujar americanos y soviéticos en lo que a simple vista parece ser uno de los
primeros episodios de la Guerra Fría. La literatura, tan acostumbrada a
inmiscuirse en los terrenos de la mitología, tiende aquí una mano al enigmático
Merlín, y, como hiciera aquel con su Rey Arturo, también éste decide,
aparentemente, desaparecer sin dejar rastro, y condenarse a un voluntario
ostracismo alejado de las posiciones maniqueas de sus jefes. Conviene
reflexionar que la literatura, ajena a las vicisitudes de la historia,
acostumbra a moverse cómodamente en
el terreno de la leyenda. Porque leyenda es, al fin y al cabo la historia de
Parsifal, tan pedagógicamente explicada por el oscuro Gustav Links, y la
búsqueda del Santo Grial. Es entonces, y sólo entonces, una vez iniciada tan
mediática búsqueda, cuando en un giro que sorprende por su complejidad
narrativa la novela decide tomar vida propia al margen de sus personajes y
dirigirse hacia múltiples direcciones para así, en una sucesión entrópica que a
veces nos remonta a la teoría
del caos, vamos conociendo de primera mano las conexiones de una
conspiración que pretendió cambiar el curso de la historia acabando con la vida
del Führer, las peculiaridades de las Sociedades Secretas que ya antes de la
instauración del III Reich abogaban
por la exaltación de una raza superior, la aria, la alemana, y la propia
idiosincrasia de quien presuponemos se esconde tras tan artúrico apelativo, que
no es otro que quien hace de anfitrión en la novela. Con una perspectiva histórica
ciertamente encomiable, Volpi va tejiendo lentamente a través de sus 550
páginas toda una tela de araña que sólo
nos puede llevar a una conclusión: no existe un Klingsor, sino miles. No hay un
culpable, sino miles. Uno por cada participante activo en tan monstruoso
proyecto. Y da exactamente igual que Klingsor hable alemán o inglés, ya que
ambos no son sino víctimas de sus propias contradicciones. Es posible que Volpi
pudiera haber hecho más hincapié en la irreflexible inmoralidad de los
científicos que ganaron la guerra, sobremanera de algunos pacifistas como
Einstein, encargado de llevar adelante el Proyecto Manhattan en sus comienzos,
en vez de demonizar a los Heissenberg, Stark, etc, quienes a fin de cuentas no
hacían nada diferente a sus colegas del otro lado del Atlántico. Pero no es más
que una novela de ficción, y como tal, debe de tratada. En definitiva, En busca de Klingsor es una novela que entretiene de
principio a fin, sobretodo por lo atrayente de lo que en ella se nos narra. Y
aunque en ocasiones pueda parecer una novela de espías, o policiaca, en ningún
momento nos deja indiferentes, ya que por encima de todo planea un trasfondo
filosófico, la inevitable lucha del bien contra el mal, que lleva a
cuestionarnos las implicaciones que la ciencia adopta para con nuestra propia
vida.
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