ENTREVISTA Antonio Orejudo Por Luis García
Julio,
2001
Antonio
Orejudo
Por
Luis
García
(C) Ilustración Diego Abelenda
Introducción.- Una sola novela necesitó el madrileño Antonio
Orejudo, circunstancialmente afincado en
Almería en donde imparte clases de literatura, para dejar muestra de su buen
quehacer literario. Ventajas de viajar en tren (que las tiene, y muchas) habría de
alzarse con merecimiento (es posible que sea mucho hablar dado que desconocemos
el resto de los presentados) con el
Premio Andalucía de Novela, y editado por Alfaguara, se fue abriendo paso
lentamente dentro de la vorágine de premios que inundan los suplementos
literarios de este país. Sin embargo Antonio Orejudo ya había conseguido en
1996 el Tigre Juan, y figuraba por méritos propios dentro de la fantástica
selección de jóvenes escritores Páginas amarillas, que editada por
Lengua de Trapo habría de marcar un antes y un después dentro de la joven
narrativa española. Confieso que hacía tiempo que tenía ganas de leer Ventajas
de viajar en tren, y aunque desconocía el motivo, posiblemente me
atraía el título, intuía que me habría de gustar. Lo que no podía presentir de
ningún modo era su apocalíptica construcción, sus desenfadados giros y su
sorprendente visión de la literatura.
L.Garcia.- Ventajas de viajar en tren. ¿Qué ventajas tiene
viajar en tren para alguien que ha escrito Ventajas de viajar en tren?.
Antonio Orejudo.- Si
puedo elegir, prefiero viajar en tren. Pero no siempre es posible, generalmente
por razones de tiempo. En tren, el viaje deja de ser un instrumento para
convertirse casi en un fin en sí mismo: uno se levanta, va al bar, habla con el
compañero de asiento, y sobre todo va viendo por la ventanilla el paisaje
variado. Esta variedad y este mundo dentro del mundo que es un vagón son las
principales ventajas a las que se refiere el título.
L.G.- Hábleme de Ventajas
de viajar en tren, novela con la que se dio a conocer al ganar el
Premio Andalucía.
A.O.- Ventajas
es un alegato contra la literatura intimista, contra la literatura en primera
persona. Yo diría que es un libro escrito contra la literatura que termina
aceptado que en el mundo todo es literatura.
L.G.- Usted ya se había alzado con el
Premio Tigre Juan con Fabulosas narraciones por historias.
(Editorial Lengua de Trapo). ¿Cómo ve
Antonio Orejudo, ahora que ha pasado el tiempo, aquellos años posteriores a la concesión de aquel Premio
hasta llegar al Andalucía de Novela?.
A.O.- Con
el Tigre Juan noté que había adquirido
un cierto prestigio en algunos círculos literarios, porque el premio tiene una merecida fama de
honesto y exigente. Entonces mi techo de lectores era dos mil, dos mil
quinientos. El Premio Andalucía me ha permitido entre otras cosas multiplicar
ese número por cuatro.
L.G.- Ventajas de viajar en tren
novela adolece de guiños literarios que van desde un homenaje a Patricia
Higsmith y sus Extraños en un tren hasta el entronque con la novela
fantástica. ¿Se siente heredero de algún autor en especial?.
A.O.- A
mí se me pega casi todo lo que leo. Soy extremadamente sensible a todos los
estilos. Seguramente tengo deudas inconscientes con todo lo que he leído, desde
los estudios literarios más sesudos hasta los pies de foto en las revistas
porno de mi adolescencia. Mis influencias conscientes son Cervantes, Galdós,
Mendoza, Marsé, Hortelano, Martín Santos, algunas cosas de Vargas Llosa. Todos
narradores, fabuladores en estado puro.
L.G.- Tiene tintes kafkianos e incluso
surrealistas. Otro autor que me vino a la memoria leyéndola fue Boris Vian.
Como con él, a menudo uno se ve envuelto en un onirismo del que intuye el autor
es partícipe. ¿Cómo nació Ventajas de viajar en tren?. ¿Cuál
fue su génesis?.
A.O.- Lo
que más me gusta de Boris Vian es que se pasa por el forro las exigencias de
verosimilitud. En ese sentido sí me siento unido a él, sobre todo en Ventajas.
Los libros nacen de manera peregrinas y a menudo nacen con fragmentos que luego
desaparecen de la versión final. Ventajas fue durante dos o tres años una
parodia de novela de ciencia-ficción, que finalmente ha desaparecido totalmente
de la versión definitiva. Como le digo, la novela nace de una sensación de
hartura. La empiezo a escribir harto de la literatura en general y en
particular de la literatura intimista, de esa que presta mucha atención a los
sentimientos, al alma y al ser humano.
L.G.- ¿Que
similitudes y que diferencias cree que se puede encontrar un lector entre
Gregorio Samsa convertido en insecto y Martín Urales de Úbeda en plena adopción
de su impostura?.
A.O.-A Kafka, como a Boris Vian, le trae sin cuidado
la verosimilitud, esa exigencia de la novela realista que tiraniza a los
escritores desde hace cien años. Martín
Urales de Ubeda no es un personaje que podamos cruzarnos por la calle. Ahí
puede haber un cierto parentesco. La diferencia es que Samsa se convierte realmente
en un insecto. Las identidades de Martín Urales son identidades contadas.
Sus diferentes yoes son construcciones discursivas, como lo son al fin y
al cabo todos los yoes.
L.G.- Se
lo pregunto porque si con el título y la puesta en escena la novela recuerda a Extraños
en un tren, con la definición de los personajes uno no puede evitar en
caer en la cuenta de Kafka, de su insecto. También La metamorfosis es la
historia de una impostura......
A.O.- En
Ventajas, ya le digo, se hace hincapié en la naturaleza verbal de la
identidad y de la suplantación de la identidad.
L.G.- ¿Con cuál de los
personajes principales se identifica?. Tenemos al propio Martín, pero también
al narrador, al psiquiatra Ángel
Sanagustin, sobre el que voluntaria o involuntariamente gira toda la novela.
A.O.- Con Urales, desde luego. Yo, todos
nosotros, somos lo que contamos que somos. Pero también con Helga Pato, que
escucha y cree. Nosotros también escuchamos y creemos
L.G.- Decía
¿Borges?, que toda primera novela debe de ser por definición autobiográfica.
¿Comparte esa premisa?.
A.O.- La
biografía de uno es un buen materia, como las lecturas, el telediario, las
historias que uno oye, las noticias de prensa, los chascarrillos, la
propaganda... El asunto no es el material de origen, que puede ser cualquier
cosa, sino el reciclaje de todos ellos.
L.G.- ¿Qué
sorpresas nos depara Antonio Orejudo para el futuro?.
A.O.- Por
el momento me voy a quedar con la boca cerrada un tiempo. Soy muy inseguro
escribiendo, doy muchos palos de ciego, tengo mucha autocensura, y tardaré en
hacer otra cosa. Si es que la hago.
L.G.- Siempre
mantuve que el género negro, junto con el cómic, era uno de los más adecuados
para incentivar a la lectura a una juventud excesivamente dependiente del videojuego
y de la televisión. Su novela pudiera encasillarse en una suerte de género
negro psicológico... Sin embargo, ¿a que cree que se debe ese desinterés de las
Editoriales por el género?. Si es que existe tal desinterés, claro.
A.O,.- Hoy
el perfil del lector europeo es. Mujer, profesional acomodada de cincuenta
años. Este tipo consume literatura de los sentimientos, literatura de
suplemento dominical, don colorines, que no perturbe, que no deje mal sabor de
boca. Detesto eso.
L.G.- Usted,
como profesor de literatura, ¿cree que debería incentivarse la lectura entre
los estudiantes, o son éstos lo suficientemente inteligentes como para optar
por otras aficiones menos lesivas para el intelecto?.
A.O.- La
lectura habría que prohibirla o prohibir las novelas. Sólo así despertaría
curiosidad en los jóvenes. Convertir la lectura en delito, como cuando Franco.
Es la única táctica de incitación a la lectura que podría dar resultado.
L.G.- ¿Le
debe algo Antonio Orejudo al comic?.
A.O,.-
Más al tebeo. Yo soy niño de tebeo, no de cómic, que tiene una connotación
cultureta que me molesta. Yo soy de Mortadelo de las Hermanas Sister, de
Gordito Relleno, de Anacleto, de Carpanta, del Botones Sacarino, de Pepe Gotera
y Otilio, de Josechy el Vasco...
L.G.- ¿Y
al cine?.
A.O.- Más
a la televisión. Pertenezco a la primera generación de españoles en cuya
infancia hubo televisión.
L.G.- Se
lo pregunto porque ambos géneros están reflejados en la novela...
A.O.- Es
natural. Otras generaciones anteriores a la mía han crecido con el cine. A mí
el lenguaje cinematográfico me ha influido como a todos. Pero, ya le digo, la
televisión, que tiene un formato propio, no existió en España de una manera
generalizada hasta los sesenta, cuando yo nací. Eso sí es un rasgo distintivo.
A.O.- Originariamente la crítica servía
de barricada contra la autoridad, contra la homogeneización del pensamiento.
Hoy, está muy mediatizada por el mercado, y se ha convertido en aliada de la
autoridad y de la homogeneización cultural. Soy consciente de que esto es una
generalización, y de que hay críticos que escapan a esta definición
L.G.- En su caso no fue demasiado... ¿correcta?.
A.O.- A mí la crítica me ha tratado muy
bien en las dos novelas, por eso puedo ser crítico con la crítica sin parecer
resentido.
L.G.- Por último, una pregunta de
guión, ya que se la hago a todos mis entrevistados con el fin último de que
dichas respuestas se publiquen quizás un día todas juntas. ¿Qué opinión le
merecen los cánones literarios?.
A.O.- Los cánones son necesarios por
varios motivos. En primer lugar porque son instrumentos para sistematizar
nuestro conocimiento. Es muy importante separar el grano de la paja, decir
quién es bueno y quién es malo y por qué. Pero al mismo tiempo no hay que
olvidar nunca que un canon no es eterno, sino la manifestación de una
ideología, de los intereses y los gustos de una época.
L.G.- ¿Y los negros literarios?. O lo
que es lo mismo... ¿y los plagios?.
A.O.- No es lo mismo, son cosas
opuestas. Como la prostitución y la violación. Un negro se prostituye y no
estoy en contra de la prostitución, en todo caso de las condiciones que llevan
a alguien a prostituirse, pero la
prostitución en sí, vender sexo, no me parece censurable. Siempre habrá alguien
interesado en vender y alguien interesado en comprar. No veo nada censurable en
eso, como tampoco veo censurable el dopaje en los deportistas. El plagio en cambio es una violación. En el
plagio no ha habido mutuo acuerdo: alguien ha tomado algo de alguien que no lo
quería dar.

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