ENTREVISTA Jorge Herralde Por Luis García
Enero 2002
Jorge Herralde
Por
Luis García
Introducción.- Publicó
Jorge Herralde, director y editor de la Editorial Anagrama, sus Opiniones mohicanas
en medio de una fuerte expectación, si tenemos en cuenta que se trataba de una compilación de artículos y
reflexiones que en muchos casos habían visto la luz en diferentes medios
escritos. Su experiencia personal con muchos de los autores de su Editorial
(Ignacio Martínez de Pisón, Enrique Vila-Matas), sus homenajes a otros colegas
y su decidida defensa de la edición independiente, hacen que sus Opiniones
mohicanas sean algo mas que un libro.
Luis García.-
La publicación de sus Opiniones mohicanas, supone una especie de
revisión de su etapa como editor. ¿Cómo fueron los inicios de Anagrama?.
Jorge
Herralde.-
A la vez difíciles y muy
estimulantes. Coincidimos un grupo de editores más amigos
y cómplices que competidores, luchando contra la censura, descubriendo
territorios inéditos, colmando enormes lagunas culturales. Una travesía muy
excitante si no te quedabas en el camino .
L.G.- Su bautismo de fuego se produjo
en México, allí presento en sociedad sus Opiniones mohicanas. ¿Por qué tan lejos?.
J.H.- Dos
grandes amigos mexicanos, Sergio Pitol y Juan Villoro, que conocían muchos de
mis artículos me insistieron en que los reuniera para la publicación inmediata
y la presentación en la Feria de Guadalajara, dedicada a España. Así que recogí
buena parte de ellos, los ordené y los editó Aldus, una pequeña editorial
independiente mexicana que hace unos libros muy cuidados.
L.G.- Y después, en contra
de lo esperado y cuando muchos creían que se publicaría en Anagrama
apareció en Ediciones El Acantilado, otra editorial independiente
aunque mucho mas joven que la suya. ¿Qué le hizo decidirse por ella?.
J.H.- La
edición de El Acantilado contiene algo así como un tercio de
textos nuevos con respecto a la de Aldus. Entre otros, faltaban textos sobre
autores tan fundamentales como Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Esther
Tusquets, Antonio Tabucchi o Hans Magnus Enzensberger. Aunque El
Acantilado es, en efecto, joven, su editor es Jaume Vallcorba, que
publica desde hace años en catalán con el nombre de Quaderns Crema,
editorial que había elogiado a menudo en mis textos. Entre sus autores figuran,
por ejemplo, Quim Monzó y Sergi Pàmies, que luego salen en Anagrama,
traducidos al castellano.
L,G.- Anagrama,
y en concreto usted, siempre serán recordados, mal que les pese a algunos, como
los descubridores de talentos fundamentales para entender la literatura
española de los últimos veinticinco años. Pero, ¿recuerda cual fue el primer
título que editó la Editorial?.
J.H.- Tenían que salir simultáneamente tres colecciones: dos en castellano, "Argumentos"
y "Documentos", y una en catalán, "Textos".
Por razones de censura y problemas de producción, se produjeron ciertos
retrasos; el primer título publicado, en abril de 1969, fue L'ofici de
viure, la traducción al catalán de los diarios de Pavese, mientras que
el primer título en castellano fue Detalles, de Hans Magnus
Enzensberger, en mayo del mismo año.
L.G.- ¿Qué sintió cuando lo
vio en las librerías?.
J.H.- Imagino
que lo que sentirá cualquier editor. emoción, asombro. Y en casa, a solas, lo
miraba y remiraba, lo tocaba: en fin, fetichismo sin recato
L.G.- Hay en el catálogo de
Anagrama, autores e hitos fundamentales para entender el por qué
desde sus comienzos fue una Editorial seria con clara vocación de
pervivencia, y con una visión casi erudita del futuro. (La apuesta por valores
como Alvaro Pombo, Martínez de Pisón,... etc).
¿Hasta que punto algunos de estos escritores fueron una apuesta personal
de Jorge Herralde?.
J.H.- La
gran mayoría de los títulos publicados por Anagrama - excepto
ensayos muy especializados (lingüística, antropología, etc.) y algunos títulos
aislados - han sido apuestas personales.
En cuanto a los autores españoles, sin excepción, he decidido su publicación al
leerlos personalmente. En muchas ocasiones, por fortuna, ha habido autores que
se han convertido en imprescindibles; en otras, la apuesta no ha dado
resultados tan fructíferos. Pero pienso que el balance no está nada mal. De
todas formas, adivinar que un manuscrito es valioso no es difícil para un
lector avezado; algo más complicado es alentar una carrera, contribuir a
difundir la obra de un escritor valioso pero en sus inicios minoritario,
configurar un catálogo.
L.G. En estos tiempos de
globalización, en los que parecía que las Editoriales pequeñas llevaban camino
de desaparecer engullidas por los grandes grupos, es curioso ver como sobrevive
Anagrama, oponiendo calidad literaria a cantidad de volúmenes
editados. ¿Cree suficientemente entendida por los lectores esta estrategia?.
J.H.- Precisamente
Anagrama sobrevive, en buena parte, gracias a la fidelidad de
aquellos lectores que se fían de la calidad de los libros de la editorial.
L.G.- ¿No observa cierto
peligro en la concentración de Editoriales?. ¿No se corre el riesgo de que se
controlen las ideas?.
J.H.- En
efecto, la concentración de poder es peligrosísima en todos los ámbitos,
político, económico, cultural. La búsqueda del máximo beneficio conduce a
productos de fácil digestión y venta rápida, a la pauperización cultural:
ningún misterio
L.G.- Otro acierto de la
Editorial, fueron las Bibliotecas
de Autor (Vladimir Nabokov, Patiricia Higsmith...) y los Premios que
llevan su nombre, uno de los mas respetados del panorama literario precisamente
por su independencia. Respetado, si, pero ¿siente que está suficientemente
valorado?.
J.H.- Se
trata de un premio con un único objetivo, la calidad literaria,
independientemente de su calidad. Y aunque se hayan premiado títulos
resueltamente minoritarios, pienso que en la lista de ganadores y finalistas
está representada una parte no desdeñable de la mejor literatura en lengua
española de las últimas décadas. Desde Pombo y Pitol en sus inicios hasta
Bolaño, Giralt Torrente, Magrinyà y Gándara en los últimos.
L.G.- Porque el mercado se
llena de Premios, homenajes..., en una vorágine que parece de película de
Hollywood...
J.H.- El
mercado precisa de estímulos, visibilidad, packages, campañas, secuelas
L.G.- Como toda Editorial que se
precie, dado su volumen y los años que arrastra, también son sonados los casos
de abandonos. Se puede desertar de un proyecto sin hacer ruido o dando un
portazo... ¿Cómo considera usted que sería más elegante el hacerlo?.
J.H.- Las
buenas maneras son absolutamente recomendables. Pero, a veces, en las
complicadas relaciones entre autor y editor a veces hay componentes vividos
pasionalmente.
L.G.- Se que no le gusta
hablar de ello, pero ¿siente que se equivocó en algún momento con alguno de los
ex-autores de Anagrama?.
J.H.- Toda
vida profesional está plagada de errores, pero no recuerdo ninguno en especial
respecto a ex autores. Quizá algún error previo de incorporación a Anagrama,
pero eso es fácil decirlo a toro pasado.
L.G.- Debe de ser
complicada la labor de editar, y me figuro que tremendamente dolorosa la de
rechazar algún manuscrito. ¿Se ha arrepentido de algún rechazo en particular?.
J.H.- Rechazar un
manuscrito de un amigo es muy doloroso y aún más si antes se le ha publicado
algún título. Pero creo que, errores aparte, la primera fidelidad del editor es
con la calidad literaria. Y con los seguidores del catálogo
L.G.- ¿Es difícil descubrir un talento literario?. Porque es
conocido su instinto editorial a la hora de descubrir nuevos valores...
J.H.- Pienso
que "descubrirlo" es fácil. Más difícil es instigarlos a que envíen sus
manuscritos a la editorial. Y eso se consigue con un catálogo que enciende el
deseo de los autores: "quiero estar en este catálogo, al lado de estos
autores que tanto admiro".
L.G.- ¿Y mantenerlo
fiel a la Editorial?.
J.H.- En
estos tiempos del Mercado con mayúsculas, las fidelidades sólo pueden ser
relativas. Hay megagrupos que ofrecen anticipos que ni remotamente se cubrirán,
a fin de ganar prestigio, debilitar a otras editoriales, etc. Sería insensato
pensar que un autor sea insensible a ciertas tentaciones desaforadas.
L.G.- Volvamos a Opiniones mohicanas. En el libro repasa su vida (literaria),
homenajea a sus amigos y nos recuerda (me recuerda) que sus inicios como editor
fueron similares a los míos como lector. ¿Se le puede pedir algo mas a un
libro?.
J.H.- Uno
de los propósitos básicos del libro son los mismos que tenía antes como simple
lector: contagiar entusiasmos por mis autores preferidos, convencer a mis
amigos que leyeran sus libros.
L.G.- ¿A que autor te
hubiera gustado editar?.
J.H.- Por
ejemplo, Borges, Mendoza, Marsé y tantos otros. Sin embargo, con los muchos
autores extraordinarios que han querido publicar en Anagrama me siento
razonablemente satisfecho.
L.G.- ¿Y a cual nunca
editaría por mucho fenómeno social que significase?.
J.H.- Muchísimos más.
L.G.- ¿Cómo son las
relaciones con sus colegas editores?.
J.H.- En general buenas y
en muchos casos excelentes, francamente amistosas
L.G.- ¿Qué pesa más a la
hora de editar a un desconocido?. La intuición, los informes de algún
experto...
J.H.- Si se trata de
literatura extranjera, hay información previa, los autores ya han pasado como
mínimo un "descremado". En el caso de autores españoles, el primer
"descremado" lo efectúan, claro está, los lectores editoriales.
L.G.- ¿Qué
libro o autor le hubiera gustado descubrir y publicar?.
J.H.- Tiempo de silencio de Luis
Martín Santos o La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo
Mendoza.
J.L.- ¿Saldrá
adelante la idea del precio fijo de los libros?. Porque lamentablemente cada vez
hay mas escritores e intelectuales que lo defienden...
J.H.- Confío
en que se mantenga el precio fijo de los libros. Las experiencias de precio
libre en otros países han desembocado, inevitablemente, en un encarecimiento
general de los libros (excepto algunos bestsellers que no lo necesitaban), al
cierre de librerías y al aumento de dificultades de los editores
independientes: en resumen, un desastre cultural.
L.G.- Y por último, ¿qué
sorpresas literarias nos depara Anagrama para este milenio?
J.H.- Intentaremos seguir descubriendo
a excelentes autores y publicarlos de la forma más cuidada posible. Quizá esto
no represente una sorpresa estrepitosa, así como programa, pero la sorpresa
confío en que nos la deparen los autores que publiquemos. Por
poner ejemplos próximos: la última novela de Paul Auster, aún inédita, The
Book of Illusions, los dos libros de relatos póstumos de Patricia
Highsmith, Austerlitz de W.G. Sebald o Historias y poemas
para niños extremadamente inteligentes, una espléndida antología
compilada por Harold Bloom.
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