Gonzalo Garcés - El futuro
Gonzalo Garcés
El futuro
Seix Barral - 2002
El exilio
interior
Garcés, escritor argentino afincado en París,
alcanzó notoriedad y cierta fama literaria con su novela Los impacientes,
obra ganadora del Biblioteca Breve 2000. Entonces la estela de Jorge
Volpi, ganador de la edición anterior, resultaba demasiado alargada, maleficio
(porque de maleficio habría que hablar) que hubo de vivir en carne propia Juana
Salabert en el 2001. Y si en aquel momento Gonzalo Garcés alcanzo notoriedad
precisamente por irrumpir en los cenáculos literarios como su antecesor, es
decir, desde el más absoluto ostracismo,
parece que le ha llegado el momento de que se le respete por dicho
oficio, toda vez que Los impacientes no alcanzó el éxito
esperado, y que deje de ser una eterna promesa, aunque su nueva novela, El
futuro, diste muy mucho de esa gran obra que sin duda aún tiene que ver
la luz. Miguel, su protagonista, llega a París con el objetivo de limar
diferencias con su hijo Joaquín y quizás de solventar viejos malentendidos que
les ha mantenido apartados más tiempo del deseado, pero pronto se verá
perturbado por el casual encuentro con una extraña que Inconscientemente le
invita a recordar viejos amores irrealizables. Como un jovenzuelo más, a pesar
de la edad, se enamorará perdidamente de unos ojos y de un cuerpo. Sólo
demasiado tarde descubrirá que esos ojos pertenecen a Mona, la mujer de su
hijo, y demasiado tarde aprenderá que la
vulnerabilidad y volatibilidad de la vida le acaban de otorgar un papel para el
que aún no se sentía preparado. Estamos en 1995, año de esplendor y
convulsiones en la Vieja Europa y de estereotipos existenciales, máxime para
alguien llegado del Cono Sur, de un Chile, que comienza a ver la vida en
technicolor. Porque si bien el exilio exterior chileno, tan en boga en los años
setenta y ochenta fue objeto de culto literario, el interior no por ello
resultó menos traumático e indeciso. Y de esta clase de exilios trata la
novela. Del de quienes pasan la vida buscando El futuro en el que
todos caemos en algún momento de nuestras vidas, como lo busca su hijo Joaquín
en el documental de Bulteau que está rodando, hasta que un desencadenante, una
mujer, un conflicto social..., nos llena de turbación y lo más importante, nos
hace ver que lo mejor de la vida a veces es saber vivirla. Porque el
reencuentro con los viejos amigos puede ser algo más que un viaje que nunca se
quiera terminar.
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