Alejandra
Pizarnik
Prosa
completa
Editorial
Lumen - Barcelona - 2002
Una
argentina universal
Es
acusada con frecuencia la autora Alejandra Pizarnik, de mostrarse en sus
comportamientos más como una escritora europea que argentina, condición nunca
muy bien entendida máxime en estos tiempos de globalización de la cultura.
Alejandra Pizarnik abogó por su europeización no más que otros ilustres con
quienes habría de compartir mesa y mantel, caso de Octavio Paz, Julio Cortazar
o Rosa Chacel. Condenada al ostracismo durante no pocos años, ahora reedita la
Editorial Lumen su Prosa Completa en lo que resulta una
inmejorable oportunidad para descubrir y lamentar el truncamiento de una de las
plumas más prometedoras de los últimos años. Plagiada en exceso (intertextualidad,
se dice ahora) y mitificada y convertida en autora de culto por loor de su
repentino fallecimiento (suicidio o...) se presenta su Prosa Completa
al igual que antes se hiciera con su Poesía y posteriormente se
hará con sus Diarios, como ese oscuro objeto del deseo siempre
deseado y pocas veces alcanzado. En su Prosa tenemos fragmentos de relatos,
imágenes narrativas, críticas y ensayos de autores amigos y una pequeña joya de
culto que por sí sola justifica el libro: La condesa sangrienta,
el espeluznante relato de la condesa
Erzébet Báthory que en el siglo
XVI torturara y mata junto a sus viejas y horribles sirvientas a no menos de
600 doncellas, y que con tanto mimo y detalle nos relatara Valentine Penrose.
Traslucen en sus textos toda la crueldad y el sadismo, todo el erotismo y la
sexualidad y toda la fascinante poesía de una autora a la que el lector
difícilmente puede sustraerse. Pero si los textos de su Condesa
sangrienta resultan ciertamente decisivos a la hora de entender su
concepción de la literatura, no lo es menos los fragmentos que nos dedica,
muchos de ellos con arraigadas vinculaciones surrealistas, La bucanera de
Pernambuco, Hilda la polígrafa, o sus comentarios a la
obra de Bioy Casares, Cortazar o Pessoa, en los que es posible entablar unan
relación afectiva con su autora y entender un poco, solo un poco, esa herencia
de escritora maldita que arrastra.
Luis
García
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