José Carlos Somoza por Luis García
José Carlos Somoza
por
Luis García


Introducción.- Vuelve José Carlos Somoza a la novela
de intriga, género en el que está demostrando ser un consumado especialista, y
presenta en Areté La dama número trece, una mezcla de novela de misterio envuelta
en un onírico y terrorífico halo que resulta en ocasiones hasta pegajoso. La
dama número trece puede parecer a ratos una novela inverosímil, casi
tanto como la irrealidad, pero finalmente se nos presenta como una obra
realista que incide en el tema de las sectas como paradigma del fanatismo.
Nacido en La Habana pero español de adopción, es José Carlos Somoza un autor de
prolífica obra, cuya carrera literaria comienza cuando en 1996 se alza con el
Premio la Sonrisa Vertical. Después vendría Dafne desvanecida, La
caverna de las ideas y Clara y la penumbra, Premio Fernando
Lara 2001 y Premio Hammett de La Semana Negra de Gijón 2002.
Luis García.- José Carlos Somoza, autor de novelas y
especialista en Premios. ¿Sería correcto dicha apreciación?.
José Carlos Somoza.- Más
correcto sería decir "especialista en novelas y autor premiado". Mi
trabajo no consiste en ganar premios sino en escribir lo mejor posible.
L.G.- Se lo digo porque creo haber leído
una consideración parecida en algún medio....
J.C.S.- Yo siempre me he tomado los premios como la
posibilidad de incrementar la difusión de mis obras. Al fin y al cabo, lo que
quiere un autor es llegar a todos los lectores. Los últimos premios que he
ganado (el Hammett, el Gold Dagger) son, incluso, de esa clase de galardones a
los que no te presentas, sino que un jurado elige tu obra entre todas las que
han leído como la mejor de un año concreto. Eso es muy halagador para un
escritor. En cuanto a estas consideraciones que mencionas, en muchos casos contienen
un pelín de envidia y no me preocupan en absoluto.
L.G.- En Clara y la penumbra
incidía en un esquema novedoso y tremendamente atractivo, en un mundo verosímil
y próximo en el que el hombre se ha transformado en mercancía (artística, en
este caso). ¿Cómo nació la novela?.
J.C.S.- La novela nació
de otra novela que algún día escribiré, cuyo argumento se basaba en la
fantasmagoría de que el mundo se transformaba en un cuadro de . Por
otra parte, ya en mi novela Dafne desvanecida hablaba de una
curiosa profesión, la de "modelo de escritores": una persona que se
vendía para inspirar a los escritores. De ahí y de esa pesadilla de la
metamorfosis rembrandtiana surgió la idea de crear la profesión de obra de arte
humana.
L.G.- Apenas se han apagado los ecos de
esta novela (hace escasamente un año, usted recogía en Gijón el Premio Hammett
de Novela Negra) cuando presenta nueva obra, esta vez en ARETE. ¿Qué es La
dama número trece?.
J.S.C.- La
dama número trece es una novela que puede ser calificada como "de
terror" en la que las palabras tienen un poder real, aunque sobrenatural.
La novela habla de brujas que no son convencionales y de una interpretación
igualmente nada convencional de la poesía.
L.G.- Novela de misterio, de terror
psicológico.... ¿cuál sería su correcta definición?.
J.S.C.- Soy el menos
indicado, como autor, para definir mis obras. Si supiera definirlas, no las
escribiría. Lo que más me atrae de escribir es que no sé hacia dónde voy, y
cuando he llegado ignoro dónde me encuentro: escribir es todo lo contrario,
pues, de elaborar una teoría científica. Es tarea de los críticos pinchar las
sutiles mariposas de la literatura y catalogarlas según su buen entender.
L.G.- La dama número trece es una vuelta
de tuerca en su producción literaria.... ¿Por qué una novela de terror.....?.
J.C.S.- Porque me
apetecía hacerla. Y esta respuesta no es una obviedad ni una falta de respeto:
es la verdad sencilla y misteriosa. Lo que nos "apetece hacer" es
siempre extraño cuando es sincero. Lo que ocurre es que nos han enseñado a
controlar y disfrazar tanto lo que nos "apetece hacer" que casi nunca
somos honestos con nuestros propios gustos. Yo quería hacer una novela de
terror, un género muy difícil que, además, apenas se cultiva en España, aunque
tiene muchos seguidores. Las razones de esta "apetencia" las ignoro.
L.G.- ¿Le atrae especialmente el género?.
J.C.S.- Creo que el
terror ha dado a la literatura algunas de las mejores obras de todos los
tiempos. Y no hablo solo de literatura de género: lees algunos párrafos del Macbeth
en voz alta, de noche, y sientes escalofríos. Henry James, Cortázar,
Borges, Poe y Maupassant nos han legado grandes obras de terror. Pero algunos
autores de la llamada literatura "comercial" también han creado obras
notables, como las primeras de Stephen King, o como la perfectísima novelita Rosemary's
baby de Ira Levin.
L.G.- ¿Cómo la gestó?. ¿Cuál fue su
génesis?.
J.C.S.- Me atraía
escribir sobre brujas y sobre poesía, y pensé que ambos temas encajaban a la
perfección en una sola novela: porque casi todos los hechizos de las leyendas
tienen un componente verbal que en muchos casos es un verso tan efectivo y
simple como los de Alberti. Así nació la idea de escribir esta novela. El resto
también está inspirado en la tradición: según ella, las brujas se
"asociaban" en grupos o "conventículos" de doce más una
(para burlarse de los apóstoles y Cristo): pero yo preferí llamarlas
"damas" porque no son brujas tradicionales y, además (y muy importante)
nada tienen que ver con el diablo. Estaba harto de la fantasía judeocristiana
renacentista que afirma que la bruja (cuya existencia es más antigua que la
propia Biblia) se relaciona con el culto al diablo. Quería hablar de brujas que
no tuvieran que besarle el culo a ningún satanás de pacotilla para tener
verdadero poder.
L.G.- ¿Le costó crear esa atmósfera tan
asfixiante y perturbadora?.
J.C.S.- Como ya dije, el
terror es un género muy difícil. Existen técnicas muy diversas para provocar
miedo en el lector, pero la que mejor me funcionó fue sentir miedo yo mismo
mientras escribía.
L.G.- Usted es psiquiatra, ¿qué le aportó
dicha profesión a la literatura, y en concreto a esta novela?.
J.C.S.- Imagino que me
aportó algunas cosas, como también me las hubiera aportado la profesión de
periodista, o de camarero. La psiquiatría no es tan "literaria" como
piensan los profanos en la materia. Todo depende de la curiosidad que tengas
por el prójimo: el interés que pongas en observar a los que te rodean.
L.G.- ¿Qué diferencias y similitudes
pueden encontrar los lectores entre esta novela y las anteriores?.
J.C.S.- Una diferencia crucial es que, por
primera vez en toda mi producción, introduzco
el tema de lo sobrenatural. Esto me costó cierto esfuerzo, porque yo soy
más bien escéptico, pero a la larga me sentí cómodo dentro de ese extraño e
inquietante mundo.
L.G.- Porque al margen del tema que
desarrolle, de que La caverna de las ideas, otro éxito editorial suyo, estuviera
ambientada en la Grecia clásica..., siempre estamos hablando de ¿novela negra?.
¿Es correcto?.
J.C.S.- Pues, la verdad, no lo sé. Imagino que
si entendemos "novela negra" como novela donde el suspense juega un
papel fundamental, entonces la etiqueta es correcta.
L.G.- ¿Por qué eligió la
Grecia clásica para La caverna de las ideas?.
J.C.S.- Era un lugar y
una época que me producían (y producen) especial vértigo. Los novelistas
modernos escogen casi siempre la época romana para sus creaciones históricas,
como si los griegos apenas hubiesen hecho otra cosa que pasear de aquí allí con
una túnica pensando en el área del círculo o en el cuadrado de la hipotenusa.
Pero la época griega fue un tiempo salvaje, terrible y desconcertante, donde
(en feliz frase -no textual- de Flaubert) "los dioses antiguos estaban
muertos y los nuevos aún no habían nacido".
L.G.- Y la obra bebe inevitablemente de
Platón y del mito de la caverna....
J.C.S.- No sólo La
caverna de las ideas habla de Platón: en una novela anterior, La
ventana pintada, también me obsesiono con la fábula de la caverna,
comparándola esta vez al cine. Creo que es un mito que define muy bien nuestro
mundo actual: un mundo de sombras y engaños donde debemos escapar de la prisión
y salir a la luz para ver la verdad.
L.G.- ¿Qué está preparando en estos
momentos José Carlos Somoza?.
J,C.S.- Estoy comenzando
una nueva novela, tan misteriosa y extraña como todas las mías. Pero no suelo
hablar de lo que escribo, aunque no por superstición (si fuera supersticioso,
¿cómo hubiera podido escribir La dama número trece?) sino porque
suelo cambiar radicalmente mis planteamientos durante la escritura de mis obras
y de nada sirve que hable de ellas antes de acabarlas.
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